SOY OPTIMISTA II
Este era mi padre. Murió en 2005
Soy un poco brujo. Ya sabéis que
soy un friki de las matrículas de coches (eso dice mi amiga Iosune). Pues
resulta que vi un coche aparcado junto a mí que era (los números no los miro)
NRZ, por tanto, pronto tenía que haber la NSA. Pues resulta que el otro día
pensaba en este hecho en la calle y ¡zas! al cabo de dos minutos, ¡apareció un
coche (totalmente nuevo) con la matrícula NSB!
Ya sabéis que, en los coches cuyas
matrículas tengan las tres letras que van a continuación de los cuatro números,
cuanto más avanzadas estén en el abecedario,
más nuevos son. La primera cuesta cambiar, tarda al menos un año, la segunda es
la que vigilo y tarda meses en avanzar, la última no la miro porque cambia a
mucha velocidad.
No sé si os he armado un lío…
Pero quedaos con la idea de que, a
veces, soy un poco brujo, como la vez que evité un accidente de tráfico, pero
eso fue una premonición.
Decidí terminar mis artículos en el
Diario Menorca, en forma de columna quincenal sobre mi ELA. Llevaba 16 columnas
publicadas y eso equivale a 8 meses. La última se publicó el 11 de septiembre.
Temía ser pesado. El director del diario me dijo que había conseguido divulgar
la enfermedad.
En esa última columna hice un homenaje a
Bel, mi esposa, y a los cuidadores/as de los enfermos que conozco.
Repetí mi slogan preferido de Mario
Alonso Puig: «Lo que aceptas te transforma, lo que no aceptas te somete».
Incidí en los aspectos positivos
(relacionándolos) de mi vida, de los que confío en seguir disfrutando, sin
mencionar los negativos.
Creo que ha valido la pena y lo he
disfrutado.
Indiqué si alguien quería recibir mi
blog y anoté mi dirección electrónica. He recibido dos solicitudes. También
solicité ser seguidores de mi perfil de Instagram, Elaconmigo y tengo 4 o 5
seguidores más. Ya supero los 800.
Pasé la última columna al grupo de
whatsapp de enfermos de Baleares y hubo un elogio destacable, aparte de muchos corazoncitos.
Visitamos cada semana a mi madre en el
geriátrico donde reside y me acordé, el otro día, de dos dichos que repetía
siempre: uno, que al nacer en la guerra civil (el año 1937), su madre perdió la
leche materna con la primera bomba caída y ella era una bebé, así que la
alimentaron con leche de cabra y su dicho era siempre el mismo: me
alimentaron con leche de cabra y era como una cabra, siempre daba saltos.
El otro dicho que repetía era: «con
50 años doblegaba al mundo». El año que viene cumplirá 90 y yo 70. Nos llevamos
20 años.
El otro día leí que el actor y director
de cine, Clint Eastwood, de 96 años, la respuesta a la pregunta de cómo lo hace
para estar tan bien y activo a su edad fue: cuando me despierto cada día, no
dejo que entre el viejo.
Mi suegro debe hacer lo mismo, porque
está muy bien y tiene la misma edad.
Quiero hablar de costumbres de la gente
de mi pueblo, Ciutadella, por ejemplo, tomar el fresco en verano, sobre todo en
la calle donde vivo, que tiene aceras anchas. Hay fresco a la izquierda de
mañana y a la derecha en la tarde.
La casa de mi madre (que compró mi hija)
está a la derecha y, en los atardeceres, durante muchos años, mis padres
tomaban el fresco y mis hermanos y yo les acompañábamos pero, sobre todo,
cuando se murió mi padre (hace 21 años), hacíamos compañía a mi madre y era un
punto de encuentro de los hermanos. Lo hicimos durante al menos 20 años, hasta
que mi madre entró en el geriátrico y mi hija y su marido compraron la casa.
Desde que estoy enfermo mis hermanos vienen a mi casa cada semana.
Me siento bien, porque mantengo mi
autonomía y puedo tener el placer mañanero de tomar el café en el bar cerca de
casa y leer las noticias en el móvil. También utilizo mucho la silla de ruedas
eléctrica de calle para acudir a las sesiones de fisioterapeutas.
Ahora he descubierto una actividad que
también es un placer: salir de casa temprano y tomar café en el club náutico,
que está a más de un kilómetro de donde vivo, pero después, me sitúo en un
rincón frente al mar y hago mis oraciones. La gente que pasa no molesta porque
pasea o hace deporte.
También salgo a la terraza norte, con
ayuda de mi esposa, donde hay una sombra muy agradable en las mañanas y hago
también mis oraciones.
Después salgo para tomar café.
Mi pueblo, es, como todos los pueblos,
chismoso. Soy una persona conocida y nadie que me salude me pregunta qué tengo.
Eso quiere decir que lo saben, por tanto, se han informado. La gente
habla sobre mí y, algunas ocasiones, hablan de más. El colmo fue el otro día
que al salir del bar donde tomo café y después, con mi amigo Fel, salimos con
el triciclo, saludé a una persona que hacía años que no veía y era cliente mío
en la Caixa y no se extrañó de verme en mi estado, porque lo sabía (alguien se
lo había dicho), pero, como digo el colmo fue que me preguntó si yo, debido
a mi enfermedad, no entiendo el castellano, mi amigo salió a defenderme y
dijo que, naturalmente, entendía el castellano (nosotros hablamos en catalán) y
me quedé pensativo de que, efectivamente, la gente habla mucho de mí y, a
veces, dicen disparates.
En Menorca, apreciamos más los
diferentes vientos, por la geografía que nos sacuden todos. Mi padre se los
sabía todos, pero en menorquín:
-
MESTRAL es noroeste
-
GREGAL es noreste
-
LLEBEIG es suroeste
-
XALOC es sureste
-
TRAMONTANA es norte (puro)
-
MIGJORN es sur
-
PONENT es oeste i (Ciutadella está situada en este
sentido)
-
LLEVANT es este (Maó está en este sentido y la ciudad
donde sale el sol más temprano de España).
Conocer los nombres no garantiza saber
de dónde vienen. Mi padre sí lo sabía, porque era pescador de caña.
Como veis, aquí tenemos un nombre muy
específico para cada viento. Pero estamos perdiendo los nombres y, desde luego,
el saber su dirección, porque las nuevas generaciones han perdido interés en
ello.
El viento más fuerte, sin duda, es la
tramontana, pero en esta isla no es muy peligroso (en tierra, por mar lo es
mucho), porque Menorca tiene las construcciones a resguardo del viento norte.
En cambio, el Migjorn (sur), no lo es, excepto cuando hay una tormenta de ese viento
(muy raro), pero si ocurre, hace muchos destrozos en las urbanizaciones que
están al sur, sobre todo, a las construcciones que están en la costa, por el
sencillo motivo que están a resguardo del norte no del sur.
Tuvimos la sorpresa agradable, de
recibir la visita de nuestros amigos sevillanos, Eligio y Carmen, que hicieron
una escapada a la isla, porque la añoran. Ellos, que son dos pares de hermanos
casados entre ellos, Carmen es hermano de Pablo y él está casado con Rosa,
hermana de Eligio.
Nos conocimos hace muchos años, cuando
Pablo era director de una oficina de la Caixa de la provincia de Sevilla y él
me llamó para informarse de un cliente de aquí, porque le iba a pagar mucho
dinero por una casa turística cerca de Ciutadella. Le informé positivamente y
aproveché para pedirle un favor. Estamos organizando con nuestros amigos, un
viaje a Sevilla con las bicicletas y le pregunté si podía enviarle las
bicicletas a su casa o adonde me indicara. Al final los mandamos a casa de su
suegra o madre (no lo recuerdo) y fuimos antes de que vinieran a Menorca.
Desde entonces somos amigos y venían a
Menorca cada año, los dos matrimonios, pero sus hijos eran niños. Ahora la hija
de Pablo y Rosa ya se ha casado y no vienen porque ya no se ponen de acuerdo
con sus hijos, que ya son mayores.
Los queremos mucho y ellos a nosotros
también, prueba de ello es que me han venido a ver.
Por cierto, hablando con ellos, Bel les
dijo que yo lo hago fácil (refiriéndose a mis cuidados).
Como veis, no expongo nada negativo de
mi enfermedad. Es que me parece una manera de protestar y, por una vez, no he querido
ser quejica.
En mi última publicación en el diario,
quise ser optimista y no expuse nada negativo. Pero en la penúltima publicación
hice una lista de dolencias que sufro, hasta el punto de considerar normal
padecer depresión…
Pero dije que, antes de estar abatido, se
me enciende una luz roja de alarma en el cerebro, recordándome que será peor.
“Mediante el poder de las palabras que Él ha
pronunciado, toda la raza humana puede ser iluminada con la luz de la unidad (…)”
Escritos Bahà’is
Magnífico posteo, como siempre. Gracias por compartirlo. Con respecto a lo que dice Puig, «lo que aceptas te transforma, lo que no aceptas te somete», este aserto estoico es de los que hay que revisar. Si fuera realmente así, ¿cómo se explica el cambio social o el personal? La sociedad en continuo progreso, por ejemplo, lo es gracias un grado saludable de insumisión. Cuando las leyes no son justas o no se atienen a la justicia natural, está en la falta de sometimiento, en el argumento y en la no aceptación el que mejoren o se deroguen. Hoy, por ejemplo, podemos hacer cosas y disfrutar de circunstancias que hace unos años estaban prohibidas. Y esto es, precisamente, por la falta de aceptación y la pedagogía en cambiar lo incorrecto. Del mismo modo, en el plano personal pueden aceptarse cosas y, de una forma razonable, no aceptar otras e intentar cambiarlas. Por ejemplo, un trabajo insatisfactorio puede dejarse por uno mejor; y una relación de pareja mala, nociva o peligrosa, no debe aceptarse. Para ello, precisamente, se legalizó el divorcio, para no aceptar. En conclusión, yo, que como tú, he encontrado en el estoicismo herramientas validas y muy útiles, soy de la opinión de someter a juicio moral y crítico todo, incluso aquello que parece mejor, como esta frase aparentemente lógica. Besos a los dos.
ResponderEliminarGracias Climent por compartir tus buenas reflexiones. Me encantan todas las que tienen que ver con la manera de vivir en las islas, hoy con el relato sobre los vientos y las costumbres de salir a tomar la fresca en las aceras que, por desgracia, cada vez se hace menos y ayuda a crear lazos de amistad y compartir inquietudes.
ResponderEliminarGracias también a Loren por las aportaciones relacionadas con el estoicismo, no puedo estar más de acuerdo. Hay hechos que no se pueden aceptar y que gracias a que alguien o "alguienes" se han rebelado ha supuesto un avance para la sociedad, por suerte.
Un abrazo.
Gracias a los tres por vuestras reflexiones. ¡Qué interesante todo! Y me alegra de que no te quejes, Climent, y destaques todo lo positivo que has vivido y sigues viviendo. Me perdonarás que te corrija en cuanto al primer pueblo de España donde sale el sol cada mañana. Es Villacarlos (en menorquín "Es Castell" y Georgetown cuando fue inglés) donde, como bien sabes viví varios años y disfruté paseando a mi hijo por su puertecico. Por cierto que el castillo fue destruido y reconstruido varias veces y apenas queda nada de él. Pero todo el pueblo, su puerto y sus calas son entrañables.
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