ELIA

 




Mi nieta Elia nació el 22 de julio de 2016, por tanto, hace unas semanas cumplió 10 años. El 2016, comenzó mis primeros síntomas de la enfermedad, pero a final de año. Hice la primera visita a una neuróloga en noviembre de ese año y me hizo un scanner de cabeza, con resultado negativo y la profesional me confesó no saber qué tenía. Pero la evolución de la enfermedad era poco evidente y no me impedía hacer vida normal. En ese ese momento, notaba dificultades para decir alguna palabra, pero solo lo notaba yo. En 2016 tenía 59 años, estaba jubilado y me iba al pueblo de mi hija a cuidar a mi nieta. Fui en muchas ocasiones y disfrutaba de hacerlo, sobre todo, cuando me dijo savi (abuelo), por primera vez. En una de las veces que estaba en casa de mi hija, durmiendo, tuve una experiencia que no había tenido nunca: sentir los efectos de un terremoto, se notó poco, pero los muebles se movieron. El epicentro estaba en medio del mar Mediterráneo y no hubo destrozos ni víctimas.

Pero quiero traer un recuerdo para el pueblo de Venezuela y de Colombia, por los terremotos devastadores que han tenido. De Venezuela los fallecidos se cuentan por miles y los desaparecidos una cifra mayor. De Colombia, no tenemos casi datos porque es reciente, pero la destrucción ha sido muy grande y se esperan muchas víctimas. He contactado con muchas personas de Colombia que conozco y sus familias están bien. Espero que se salve mucha gente.

Después de este inciso, que creía necesario, vuelvo con mi nieta…

Elia tiene la edad de mi enfermedad, la cual, me impide -ahora- ni cuidarla ni viajar a su casa, Tengo que esperar a que vengan, en Sant Joan, agosto y Navidad.

Ahora mismo están en casa, poco a poco han venido los cuatro nietos, los menores y nuestra hija, estarán más de tres semanas de agosto, con la consiguiente revolución en nuestro hogar, pero -a la vez- es una alegría. Los mayores no estarán tanto tiempo.

Elia es muy lista (su hermano pequeño, Nil, también) y consigue lo que se propone, monta en caballo, corre y hace teatro, aprendiéndose todo el libreto, no solo sus intervenciones (como protagonista) sino del resto de actuantes. Nunca me olvidaré del informe final que le dieron en la guardería, cuando solo tenía dos o tres años: Elia sabe lo que quiere.

Elia conseguirá ser lo que quiera.

La foto debe ser del año 2018, aproximadamente, porque Elia, en el momento del retrato, debe tener dos años. Yo estaba todavía bien y la foto se hizo en la Escuela Baha’i, que tenemos en la ciudad de Llíria (Valencia). Los moratones son picadas de mosquito, a ella le pueden dejar como un mapa esos insectos. En cambio, a mí, no me pican nunca. Debo tener mala sangre. En cambio, tengo que utilizar repelente de insectos porque las moscas me atacan.

 

 

 

Sigo montando en triciclo, a pesar del dolor de la mano izquierda, como consecuencia de la caída de la bici de tres ruedas cuando entraba al parking, finalizado el paseo. Pero aguanto más, porque he descubierto que me alivia estar más erguido y, por tanto, no me apoyo en las manos, demasiado.

Pero añoro cuando montaba en la bici de montaña, que paseaba por el campo y me hacía disfrutar mucho. También añoro las conversaciones con los compañeros y amigos. Son los dos principales motivos de que montara en bici de montaña. Y luego el gozo de viajar fuera de Menorca con la bici.

En el triciclo solo puedo ir por asfalto y con mi amigo Fel no hablo. Vino el otro día mi hermano Toni con su bici a acompañarme y los dos hablaron toda la excursión. Para comunicarme tengo que parar y escribir en el móvil.

Pero me considero un enfermo de ELA privilegiado, por montar en el triciclo.

Estos días tenemos que lamentar la muerte de un ciclista compañero de toda la vida. Se llamaba Joan y solo tenía 49 años. Fue, precisamente, durante una salida del grupo grande de ciclistas, en algún momento manifestó que no se encontraba bien y se fue antes, con un compañero que tenía frisa. Durante el regreso, el compañero dejó de verlo y volvió para ver que le pasaba, pero no lo encontró y pensó que se había ido por otro camino. Era muy discreto. PERO no fue así, Joan se ve que se encontró mal y se refugió en la sombra de una pared, pero al otro lado, por eso el compañero no lo vio y allí murió, sin saber la causa -de momento-

A las 20.00 de la noche se organizó una búsqueda que se interrumpió en la noche y no lo encontraron hasta la mañana siguiente, domingo 9 agosto.

Descanse en paz.

 

 

Los de MENORCA PARA TODOS, me invitaron a una nueva excursión. Esta vez fuimos a la finca Mongofre, que la propiedad nos dejó pasar con los coches y bus hasta la mansión, que nos mostró y nos facilitó el acceso a la playa del mismo nombre, pero a pie. En mi caso y otro enfermo, fuimos con la bici especial de solo una rueda y nos llevaron hasta la playa. Ese día había viento norte, teníamos fresco, pero la cala está en la tramontana y era muy desapacible. A pesar ello, me llevaron al mar y con mi rueda inflable pude tomar un baño.

Ya había estado en la playa muchas veces con bici o barca y también en la mansión, una vez, hace un par de años con un amigo que organizó la visita.

 

 

Mi hermano Bia fue abuelo. Hasta ahora era el único que era abuelo de los cinco hermanos. Pero yo tengo cuatro y mayores. Es hijo de su hija Alba y su marido le puso el apellido Sabater primero y el suyo segundo, que es García. Con esto contribuye a mantener nuestro apellido, porque es un niño.

 

Mi germano menor, Pedro, si Dios quiere, también será abuelo el año que viene. Su hija Aina está embarazada.

¡Ya era hora que no fuera el único abuelo!

 

 

 

Yo sigo más o menos igual, pero no os he contado que no puedo sacarme una camiseta por la cabeza doblando los brazos, porque me duelen. Lo único que puede hacer es sacarme la camiseta primero manipulando para que salga la cabeza y no doblo los brazos. Una vez fuera la cabeza es fácil sacar el resto.

También la saliva se ha incrementado, con la molestia que significa, sobre todo, cuando bostezo que son gigantes a causa de la enfermedad.

La otra noche, en la madrugada, me levanté para orinar e hice un movimiento no autorizado y me caí contra la mesita de noche y me hice una herida en la cabeza que sangraba mucho, pero mi esposa me curó la herida y me limpió de sangre: dormí toda la noche sin dolor y al día siguiente la herida estaba seca y seguía sin dolor. Mi capacidad de recuperación ¡es increíble!

Tengo menos síncopes, casi ninguno. Cuando mi nieto pequeño o mi esposa me hacen reír, siempre tenía síncope, ahora no, pero, en cambio tengo un ataque de tos que lo paso mal. Lo mismo me ocurre cuando me agobio. Con la tos, no puedo controlarla y no me deja respirar. He aprendido a respirar primero por la nariz, pero la nariz se me llena de moco y casi no me viene el aire. Las mucosidades son un problema, porque con la falta de coordinación no me puedo sonar bien y queda siempre algo.

 

 

En el hospital me habían preguntado muchas veces si tenía sueño de día y siempre respondía que no. Pero, últimamente, lo tengo y lo consulté a mi neurólogo, porque es rápido en contestar y me dijo que, si se mantiene, tendré que hablar con la neumóloga para que me configure de nuevo la máquina que me envía aire constantemente, con una máscara y que llevo cada noche.

 

Me anima que aprendo mejoras con el día a día. Efectivamente, de tanto repetir, aprendo de las rutinas.

 

Cada lunes, vamos a la playa de Santandría para poderme bañar con la ayuda de personal del Ayuntamiento y de una silla anfibia que me deja en el mar. Una vez dentro, utilizo mi inflador en forma de rueda y puedo caminar por la playa. Siempre junto a Bel, mi esposa. Ya no podría hacer casi nada sin ella.

No sé si os acordáis de un relato en este blog en esa misma cala, cuando era un niño y casi me ahogo con un flotador. Mi padre me salvó.

¡Que diferencia entre las dos experiencias!

 

¡Hasta el mes que viene!

 

“OH MI SIERVO” Rompe las cadenas de este mundo y libera tu alma de la prisión del yo. Aprovecha tu oportunidad, pues no volverá a ti nunca más

Escritos Baha’ìs

 

 

 

 

 

 

 

 


Comentarios

  1. Amic Climent! Sigues con tus relatos, tus recuerdos, tus alegrías, tus dificultades… como tenemos todos los humanos, pero tan distintas! Y tan distintas son las formas de asumir esas dificultades. En eso eres un maestro. Otros vamos aprendiendo. Un fuerte abrazo

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