VESÍCULA
Los enfermos de ELA no estamos exentos de sufrir otras enfermedades.
Pero, en esta ocasión me confundí. El
urólogo me dio un medicamento nuevo para la próstata y observé que podía dar
molestias estomacales o abdominales y tuve muchas veces ese dolor, pero la
medicina hacía su función y yo seguía.
Pero una noche, el cólico era muy fuerte
y no se calmaba -al contrario- y fuimos con mi esposa a urgencias, convencido
de que era el medicamento y así lo advertí a los sanitarios que me atendieron.
Estuve la noche en el hospital, sin dolor, gracias a una bomba que me evitaba
el sufrimiento. Pero a la mañana siguiente, me hicieron una ecografía y
descubrieron, para mi sorpresa (por eso digo que me lie), que el dolor agudo
era debido a piedras (o cálculos) en la vesícula.
Me dieron el alta con medicamentos, por
si se repetía el cólico.
Menos de una semana del primero, tuve el
segundo ataque de piedras y los calmantes no servían. Volví a urgencias a las
dos de la madrugada y repitieron el proceso de calmantes potentes. Pero, en
esta ocasión, el cirujano me aconsejó operar y extirpar la vesícula. Y
programábamos la fecha de operación que se retrasó una semana más, hasta el 7
de mayo. Menos mal que no tuve otro cólico.
La operación fue un éxito y utilizando
el sistema laparoscópica, el tipo de operación que solo se hace pequeñas
incisiones, pero no entiendo cómo lo hacen (aunque el cirujano, Dr. Perera, es
muy bueno y tiene mucha experiencia), porque el corte más grande era en el
ombligo, donde pasó la cámara. Hay otro un poco más pequeño, para el drenaje de
la sangre. Pero solo quedan dos incisiones muy pequeñas de solo dos puntos de
sutura. Lo dicho: no entiendo cómo extraen la vesícula.
A las 48 horas de operarme, ya me daban
el alta y mi resistencia al dolor ha vuelto a actuar y cuatro días después de
la operación, ya no tomaba calmantes.
Pero mi problema ya no es el dolor, es
que las manos son más torpes y me cuestan escribir y las piernas o los pies me
cuesta más moverlos estando de pie. Mi dependencia es mayor.
He consultado a los médicos y parece que
la anestesia es culpable de la situación, porque no ha desaparecido del todo.
En estos momentos puedo decir que era
cierto y he mejorado. Como dijo mi neurólogo, estoy como estaba antes de la
intervención quirúrgica.
Soy práctico y calculador y con motivo
de la operación, di instrucciones a mi hijo mayor, por si fallecía en la
intervención quirúrgica de cómo proceder. Es que le dije que tengo a Dios mareado
de pedirle que la enfermedad no avance más y, por tanto, quedar muerto en
la mesa del cirujano era una opción posible porque así la enfermedad no
avanzará más. Además, le decía que no me siento fuerte, si le añadimos que
era anestesia total ya tenemos el cuadro muy negro. Como veis, no ha sido así,
pero le mostré el mensaje que le envié a mi hijo, después de la intervención a
mi esposa (no lo había dicho a nadie más) y le pareció bien. Pero a toro
pasado.
Dado mi estado, después de la operación,
me llevaron a la UCI para pasar la noche. (no olvidaré una pizarra situada en
el quirófano, que sólo decía CLIMENT - ELA). Y el médico de la UCI vino a
decirnos, a mi esposa y a mí, antes de la operación, los inconvenientes que
podrían surgir en mi situación. Mi esposa se asustó de la lista de
posibilidades que hay en una intervención quirúrgica a un enfermo de ELA, pero
yo no. Como aprendí de un buen amigo bahà’i le recordé a él y a lo que me dijo
hace muchos años: todos estamos en manos de Dios.
Otra cosa que me han descubierto, es en mis
ojos. Hace meses fui a la oculista porque tenía molestias de la gran cantidad
de legañas que tenía al levantarme y me dijo que era conjuntivitis. Me dio una
crema y unas gotas para aplicar cada día durante una semana. He vuelto estos
días, porque el proceso ha vuelto a iniciarse y la oftalmóloga me ha dicho que
lo mío es crónico y tendré que hacer tandas de gotas y crema, con descansos de
15 días, para el resto de mi vida. Eso me recuerda que a mi padre le pasaba
algo similar, pero tenía glaucoma. Cada día tenía que ponerse gotas en los ojos
y era crónico y el resto de su vida lo hizo.
Mi esposa se fue a visitar a nuestros
hijos y nietos que viven en San Pedro de Alcántara (Málaga). Están muy bien
esas escapadas, porque ella descansa de mí (en cierta forma, yo también de
ella) y por casa vinieron familiares, amigos y dos señoras que limpian la casa
y me preparan mi comida y todos, me cuidaban o me hacían compañía. Mi hijo
menor -el único que vive en mi pueblo- dormía junto a mí, pero no tuvo
necesidad de atenderme para nada, excepto la última noche que tuve el segundo
cólico de vesícula, a las dos de la madrugada.
Mi esposa, vino del pueblo de mis hijos
al día siguiente y vino a dormir conmigo en el hospital. Me ocurrió la
madrugada del lunes y ella vino el martes en la tarde-noche. Al día siguiente,
me deban el alta y ya habíamos programado la operación.
Una experiencia fantástica que tuve, en
el mes de abril, fue idea de mi hijo Albert y su novia María (que la considero
una hija). Se les ocurrió aprovechar el último día de vacaciones de Semana
Santa para caminar por el campo, en un viernes que hacía un día estupendo. La
idea era reunirnos a manteles en el restaurante de Macarella, la única playa
virgen que tiene un restaurante -que ayudé a legalizar hace más de 40 años- cuando
trabajaba en la gestoría y lo requirió el abuelo de los que los que lo tienen
ahora.
Podría escribir páginas de este acontecimiento,
pero sólo diré que la existencia del restaurante es debido a que está situado
en otra finca y la “frontera” era la pared que había antes de existir el acceso
que se ve en la foto. Por eso, la playa sigue virgen.
Pero no sólo fue eso, hay muchas más
razones porque fue una experiencia maravillosa: el acceso a la cala, se hace a
pie caminando durante un kilómetro desde el aparcamiento, pero yo no lo puedo
hacer.
El restaurante fue tan amable (y una vez
allí, mucho más), que nos dio la combinación de la barrera que da acceso al
camino que va directo a la playa y que utilizan ellos para acceder al
restaurante directamente y proveerse de suministros. Pero ese camino, es la
cuesta donde “me hice biker”, donde me aficioné a la bicicleta de montaña
durante 30 años, porque en esa pendiente temblé de emoción del silencio del
campo, de los perfumes de la vegetación, de bajar a gran velocidad sin peligro
y con un microclima propio que, en verano, todo sudado de los 16 kilómetros antes
de llegar, te refrescas enormemente. Claro, en invierno es al contrario, tienes
mucho frío si no vas bien cubierto.
Hablo ahora de la amabilidad del
personal del restaurante. No sólo nos dieron acceso al camino, sino que nos
permitieron aparcar junto a sus vehículos, en una zona privada. Nos instalaron
en una zona preferente, me pelaron las gambas que pedí triturar y acompañado de
mayonesa pude comerlas. El encargado me acompañó al cuarto de baño y prohibió
al resto de clientes acceder allí hasta que yo saliera…
Para terminar, nos dijo: ahora ya
tenéis la combinación, podéis volver cuando queráis
Y volveremos, seguro.
Hice una reclamación a la administración
de Sanidad de Menorca, porque en el centro de salud de mi pueblo, al que acudo
con frecuencia, el baño para discapacitados no cumple su función. Es pequeño,
sólo tiene una barra (se necesitan dos), no puedes cerrar la puerta si entras
con la silla -porque es diminuto- y no es visible (tuve que preguntar).
Me contestaron rápidamente, que harían
lo que yo solicitaba y de forma rápida.
Hoy hace un mes que recibí la notificación (día 15 abril) y no han
comenzado…
Hasta la próxima
“Los frutos del
Árbol de la existencia son la confiabilidad, la lealtad, la veracidad y la
pureza”
Escritos bahá’ís
Las reclamaciones son siempre atendidas de buena fe, especialmente por la administración. Y olvidadas con mejor fe.
ResponderEliminarTu lógica es aplastante, por lo que se refiere a la operación y a sus consecuencias. Haces bien en prever. Sin necesidad de ELA ni de operaciones, todos deberíamos hacerlo. Un beso para los dos y gracias por la puesta al día.