NUEVAS CAÍDAS
Estaba de vuelta con el triciclo, con mi amigo Fel, y estábamos entrando en
el garaje que hay bajo los pisos donde vivo -que es muy grande y tiene dos
niveles- mi parking está en el segundo subterráneo, y cogí la curva para bajar
a demasiada velocidad y el triciclo se levantó de la rueda derecha y me tiró al
suelo. Tuve moratones en el muslo izquierdo, dolor en una costilla de ese lado
porque me clavé el móvil que llevaba en el bolsillo de la cazadora, pero, lo
peor, fue el golpe en la mano izquierda que me produjo una fisura -pequeña- en
esa mano.
En urgencias me inmovilizaron la mano con vendaje y férula, pero esa nueva
limitación me imposibilitaba hacer mi día a día y, al cuarto día, me quité la
férula. A los 10 días fue al traumatólogo para revisión, con temor de que me
mantuviera la inmovilización, pero tuve la sorpresa agradable de que el
especialista consideró que la fractura era muy pequeña y su situación era sin
movimiento y yo le había dicho que, si trata de dolor, lo aguantaré y él
coincidió conmigo y me quitó el vendaje que, inmediatamente, noté alivio. En
estos momentos, no estoy recuperado del todo (me falla la fuerza), pero hago
casi de todo, aunque en la noche me duele y necesito un calmante. Tengo que
probar si puedo conducir el triciclo otra vez, sólo necesito averiguar si puedo
frenar. Ha vuelto a aparecer mi capacidad rápida de recuperación.
Quiero contar una anécdota.
En mi pueblo, es tradición, a las 12 del mediodía del Día de Pasqua, matar
es buijot, se trata de quemar un monigote con forma humana de tamaño
natural, colgado de una cuerda (reforzado con una cadena, el fragmento que
estará expuesto a las llamas) en medio de una plaza o lugar ancho, con bolsas
de caramelos que se tirarán para los niños. Que siempre es una sátira social,
con carteles alusivos a la crítica. Hoy en día, hace dos o tres años, con una
nueva ley que restringe el uso de armas de fuego, sólo se tiran petardos y se
empapa el monigote de gasolina para que arda. Pero, durante décadas, se
mataba con escopetas de caza con perdigones, hasta que ardía, porque el
monigote estaba relleno a paja. Si no se conseguía que ardiera, se añadía
gasolina.
Hasta aquí el relato de una tradición, pero la anécdota que viví hace
muchos años, en la época de escopetas y en una avenida ancha, pero no tanto
como una plaza y los disparos retumbaban más…
Resultó que había una familia de extranjeros, que no sabían de qué iba ello
por su reacción, pero estaban encantados de ver el monigote colgado y esperando
qué pasaría…
A les 12, comenzaron los disparos y aquella familia, con niños incluidos,
se asustó de sobremanera, sus caras reflejaban mucho miedo, creo que pensaban
que les disparaban a ellos, corriendo sin saber dónde meterse porque los
disparos sonaban muy fuertes, parecía que salían de todos lados. Hay que tener
en cuenta que los cazadores que disparaban lo hacían todos juntos para
conseguir un efecto más devastador en el monigote.
Aquellos turistas lo pasaron muy mal. No se imaginaron nunca pasar tanta
aprensión, se llevaron un mal recuerdo de Ciutadella.
De vez en cuando, no sé si es achacable a la enfermedad, me sale sangre por
la nariz, de forma espontánea. En esas ocasiones me pongo un pedazo de papel en
el orificio donde sale la sangre y se para. Al cabo de un rato, lo puedo
retirar porque ya no sale sangre.
Hubo un día que me pasó y lo solucioné con el papel. Pero me puse un trozo
demasiado pequeño y se adentró en el interior de la fosa nasal que quedó entre
el paladar y la nariz y no podía sacármelo. Lo consulté a mi doctora del centro
de salud y me dijo que no era grave. Que lo eliminaría de forma natural. Estuvo
tres días en mi interior y esas jornadas estornudaba mucho, hasta que con
estornudo fuerte salió la pelota de papel en que se había convertido. El cuerpo
sabía que tenía que eliminar ese cuerpo extraño.
Otra aventura que me pasó, fue con la silla de ruedas eléctrica de
calle, a causa del fuerte viento, que hemos estado casi diez días y muchos días
desprovistos de alimentos frescos, porque los barcos no podían llegar a la
isla.
Como cada martes, a las 9 de la mañana, acudo a la Fundación para personas
con discapacidad de Menorca, para una sesión de rehabilitación con una
fisioterapeuta de la fundación, cuyo local está a más de un kilómetro de casa,
pero voy sin problema con la silla de ruedas.
Un día de marzo, hacía mucho viento, pero por la avenida que voy el aire
era soportable, hasta que llegué casi al final, donde hay una pequeña plaza a 300
metros del local al que acudo. El viento era tan fuerte que la silla casi no
avanzaba a pesar de tener el motor a plena potencia. Pero el verdadero problema
fue cuando di la vuelta a un edificio, a 100 metros del lugar donde acudía,
porque el aire me descontroló la silla y me tiró contra una pelota enorme de
cemento para impedir que los coches aparquen y no tuve tiempo de soltar el
mando de la silla y ella, se levantaba de detrás y si unos hombres que pasaban
junto a mí y vieron el problema, no lo hubieran impedido, la silla habría dado
la vuelta y habría caído de cabeza.
En cuanto a mi rutina diaria, ahora sufro más por la mano izquierda y,
sobre todo, del brazo derecho que tengo una lesión ya crónica que con más de
diez sesiones de osteópata no han conseguido aliviar y, a raíz del accidente de
la mano izquierda, el brazo derecho lo utilizo más, por eso me duele.
Especialmente en la noche si no tomo la postura adecuada. Entre esto y tener
que llevar la mascara de oxigeno toda la noche y que, con ocho horas, me duele
la espalda, es difícil conciliar el sueño, pero lo consigo a pesar de todo.
Sigo con alimentación mixta: solo tomo medio litro de nutrientes. El resto
del día batidos o comida triturada o un yogurt, de postre helado o bombón
cremoso, pero no quiero abusar del azúcar.
Otra cosa que me hace sufrir es la tos: tengo dos clases, una corta que me
produce síncopes y me desmayo y otra larga y fuerte -tanto- que no me deja
respirar. Menos mal que, he aprendido por indicación de mi logopeda, a respirar
por la nariz antes que por la boca y no dura tanto.
Tenemos todo previsto para que mi mujer se vaya de viaje a visitar a
nuestros nietos (todos) e hijos que viven en un pueblo de Málaga: quien vendrá
a dormir, quien me hará la comida, quien me vestirá y quien me visitará.
Necesitamos descansar respectivamente uno del otro y cambiar de aires.
No pierdo el ánimo y sigo haciendo ejercicio. He vuelto a comenzar en la
cinta de andar, en tandas más cortas, pero también pedaleo en la máquina aposta
(en casa).
Esta es la oración que hago cada día para los baha’ìs con problemas en sus
países (Irán, Yemen, Qatar y Egipto):
“Haz descender
sobre Tus siervos, aquello que reconfortará sus corazones, tranquilizará sus
almas, renovará sus espíritus y aliviará sus cuerpos (…)”
Escritos baha’is
Hasta el mes que viene
Climent Sabater – abril 2026
Comentarios
Publicar un comentario